Jesús, el Maestro (Ficha 8)

Jesus, el Maestro

En tiempos de Jesús “los maestros” eran seguidos por una serie de discípulos. Ellos buscaban al maestro. Y lo seguían, lo imitaban a rabiar. Eran como una fotocopia del maestro. Los maestros eran personas importantes y en sus escuelas no había sencillez, ni ternura. Era la autoridad, el que sabía, el que imponía. Los alumnos eran meros copiadores. El maestro no dejaba lugar a la originalidad, a la creatividad, a la libertad. El discípulo era como un esclavo, como un preso de su Rabboni. Así no es la escuela de Jesús, el Maestro.

Hay un letrero sobre la puerta que da acceso a su clase. Un letrero que dice: “Quien quiera entrar, que lo haga libremente. Aquí se enseña con mansedumbre, paciencia y humildad de corazón”. Nada más opuesto al estilo de “los maestros”. En su escuela hay un letrero que dice: “Aquí se aprende bondad y dulzura, humildad y ternura. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Jesús es un maestro revolucionario. Es un maestro con estilo nuevo. Jesús es el Maestro. Es Él quien llama, quien escoge a sus discípulos. En su escuela no se apunta el que quiere, sino el que Él escoge. No mira la capacidad intelectual de sus alumnos, ni su rango social, ni su nivel económico. En la escuela de Jesús se aprende la sabiduría del corazón, por eso el Rabboni solamente “mira el corazón del discípulo”. En su escuela se aprende a seguirle, pues no hay teorías, no hay manuales, no hay textos literarios. En su escuela, Jesús, el Maestro, es el “libro vivo” donde se aprende todo. Jesús se presenta como la Buena Noticia que es capaz de cambiar y alegrar la vida del hombre.

Jesús, el Maestro, aprendió su sabiduría poniendo su corazón abierto al de Dios. Lo ha tocado, lo ha palpado, lo ha sentido. Y ahora habla de Él; ahora testifica. Su sabiduría le viene de su corazón abierto a los hombres. En ellos ha aprendido lo que es el corazón del hombre y la necesidad que tiene de Dios para salvarse. Jesús no impone, no obliga, no totaliza, no aplasta. Su enseñanza es dulce, suave, aunque firme. Y tiene un estribillo: amor y misericordia. Jesús invita, sugiere, llama, motiva, abre los ojos a otras realidades más profundas. Jesús deja que el discípulo, libremente, haga su opción, tome camino, siga o no sus huellas. Jesús solamente pide una cosa: dejar todo lo viejo de antes y comenzar a vivir lo nuevo que Él mismo va presentando. Pide sencillamente seguimiento de su persona y su Evangelio.

El Maestro de Nazaret tiene un lenguaje desconcertante y fascinante. Apasiona oírle. Sus palabras van más allá de sus palabras; tienen un no sé qué que saben a vida eterna. Su mirada va más allá de los ojos; penetra dentro, en el corazón, y tienen un no sé qué que cautiva, estremece. Sus manos, su voz, su respirar, su aliento lleva un mundo de vida que crean un nuevo clima donde aún no ha puesto el pie lo impuro, lo confuso, lo agitado. Su persona comunica paz, sinceridad, calma. Sus palabras hablan de “consejos”. Son un camino nuevo para el que quiera estrenarlo; son una vida buena para el que quiera embarcarse en ella; son una verdad nueva para el que quiera caminar en la luz.

Y TU, ¿QUÉ PIENSAS?...

El mundo de hoy también tienen muchos maestros que enseñan su propia verdad. Elabora un elenco de las escuelas que conozcas y señala en cuál de ellas te has matriculado.

Lee el capítulo 5 del Evangelio de san Mateo; escoge una bienaventuranza de Jesús que quisieras vivir y escribe los pasos para lograrlo.

Siéntete por unos minutos “animador vocacional” y elabora una propuesta sugestiva para invitar a otros a seguir a Jesús.


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