Toda vida es vocación (Ficha 1)

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TODA VIDA ES VOCACIÓN

El hombre es el único ser sobre la tierra que NO ES, sino que está llamado a SER. Es una continua vocación. Por eso, el encuentro consigo mismo supone plantearse con seriedad y profundidad el sentido de la vida.   Entrar en lo íntimo de la persona, llegar a tocar el propio corazón, es abrirse a las preguntas definitivas de ser hombre. Palparse, sentirse, experimentarse, poseerse...es inicio de “tocar” lo definitivo, lo último, lo radical del hombre: Dios.

Ser hombre, entonces, es asumir la propia vocación, es abrirse al plan de la existencia, es buscar orientación en la vida. Y ser hombre-creyente es abrir el corazón al “plan de Dios” y a su voluntad. Es buscar no un montón de respuestas a las mil preguntas de la vida; es buscar la respuesta a la vida. Ya no sirven las respuestas, se requiere una respuesta. Ser hombre es situarse con responsabilidad y generosidad en un proceso vocacional, en un camino de llamadas y respuestas que nos da la vida.

La vida es el mejor regalo de Dios al hombre. Y Dios es un Dios de vida. En Jesús resucitado Dios se ha hecho vida para siempre. La vida está oculta, escondida.   En el cristiano, la vida es Dios mismo derramada en el corazón por su espíritu, Señor y dador de vida. La vida está situada en el “corazón de nuestro corazón” que es Dios. Y éste es el reto. Y ésta es la búsqueda; no hacia fuera, sino hacia dentro. Buscar en lo escondido es encontrarse con lo profundo, con aquello que da sentido real y auténtico a la vida. Y encontrarla es vivir una experiencia de gratuidad, de don, de regalo, de fiesta.

La vida y la muerte han tocado el corazón del hombre. El bien y el mal acechan su vida. La felicidad y la desgracia están tocando a la puerta. La alegría de vivir y el miedo de no saber vivir, fácilmente se cuelgan a la espalda. El cielo despejado y cubierto con nubes, el gozo y la depresión, lo claro y lo oscuro...son realidades del corazón del hombre. Existen falsos caminos en la búsqueda del hombre. Existen débiles soluciones a situaciones que exigen compromisos serios. Para responder a la vocación de ser hombre, no se puede vivir a lo fácil, a lo mediocre, a lo que salga...No se puede vivir, si se quiere seguir creciendo y madurando como ser humano, con un estilo de vida sin estilo. El hombre necesita valentía y radicalidad, tomar la vida en las manos y apretarla hasta estrujarla y quedarse con lo esencial de lo que ha vivido. Quedarse con lo esencial es aprender a hacerse adulto, maduro.

Por eso, cuando el hombre, al enfrentarse consigo mismo, intenta conocerse, llegar al fondo de sus cualidades y defectos, de sus grandezas y pobrezas, entonces comienza un camino de liberación. Conocerse es situarse, es tocare la realidad de uno mismo, es vivir desde la verdad de uno mismo, es abrirse a lo sincero, verdadero y original. Cuando el hombre tiene la valentía de enfrentarse consigo mismo y reflexiona y ora, entonces su vida comienza a ser vivida desde dentro. Cuando el hombre se pregunta por el origen de su vida, por las raíces de su existencia, por el entretejido de su historia, entonces comienza a encontrar la seguridad, el apoyo, la propia vocación. Es el momento de quitar los miedos y las inseguridades. Cuando el hombre se pregunta por la razón de su existencia y tiene la valentía de decirse: “Qué hago en la vida”, “qué estoy haciendo con mi vida”, “qué sentido tiene mi vida”, entonces se inicia en él un camino de búsqueda seria, de realización, de verdadera libertad. Ha encontrado su verdadera vocación: ser hombre.

Y TU, ¿QUÉ PIENSAS?....

Esta es una buena oportunidad para que pongas por escrito tu propia historia personal. Vuelve tu mirada al recorrido de toda tu vida y reconoce en ella una llamada a “SER” cada vez mejor. En ti también se ha manifestado una llamada urgente, una vocación, a ser hombre.

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