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santa Teresa 228Que Santa Teresa no sea una experta en la descripción de sus enfermedades con tecnicismos y jergas médicas, no significa que no escriba con sinceridad y verdad, lo que sintió y padeció por tratamientos de personas no cualificadas, como la curandera de Becedas...

 


 

Teniendo en cuenta las enfermedades que padeció Santa Teresa la mayor parte de su vida, resulta milagrosa su intensa vivencia personal-mística, fundacional, y como escritora de la prosa más excelente de la Lengua Castellana, según testimonio crítico del gran Fray Luis de León, para quien la prosa de la Madre Teresa era maravillosa por las grandes cosas que trata y por la forma de tratarlas. Resulta algo realmente increíble, si no lo hubiese testimoniado ella misma, la heroica aventura a lo divino como fue la fundación de 17 monasterios femeninos en viajes continuos por las dos Catillas, Murcia y Andalucía en tiempos y circunstancias en los que viajar por España era una odisea, sin ningún tipo de comodidad, en la condiciones más precarias, soportando las duras circunstancias climatológicas de los ardientes soles de verano y las frías nieves del invierno. A esto se debe añadir su intensa labor como escritora: obra de gran profundidad teológica, escrita casi a vuela pluma: Las Moradas, El Camino de Perfección , el Libro del La Vida-la autobiografía más emocionante, sincera y verdadera que jamás se han escrito, igual que Las Confesiones de San Agustín- en la que se trata de todo: de su familia, de su vida seglar y religiosa de sus relaciones con grandes letrados y asustadizos clérigos, y en la que nos presenta de una manera humilde sencilla y sincera sin alardes y sin engaños sus muchas y continuas dolencias y en enfermedades, que han provocado las más encontradas opiniones de los profesionales de la medicina y de la psiquiatría; algunas tan extravagantes e injuriosas que producen sonrojo por su atrevimiento e incompetencia y que no tienen otro interés sino reflejar el sectarismo materialista y la ignorancia de quienes la sostienen. Se puede afirmar que Santa fue tan incomprendida en vida, como tan mal analizada muerte en todo lo relacionado con su salud

Que Santa Teresa no sea una experta en la descripción de sus enfermedades con tecnicismos y jergas médicas, no significa que no escriba con sinceridad y verdad, lo que sintió y padeció por tratamientos de personas no cualificadas, como la curandera de Becedas y la falta de conocimientos médicos de los galenos de su tiempo, que la dieron pro desahuciada, y la abandonaron a su suerte sin aplicar ningún remedio eficaz, porque no los había o los desconocían. En el libro de la Vida escribe sobre su estado lastimoso de su salud en plena juventud, tenía 24 años: “La noche del 15 de Agosto dióme un paroxismo que me duro estar sin ningún sentido cuatro días: sólo el Señor sabe los incomportables ( insufribles) tormentos que sentía en mí; la lengua hecha pedazos de mordida; la garganta de no haber pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogaba, que aún el agua no podía pasar; toda me parece estaba descoyuntada, con grandísimo desatino en la cabeza toda encogida, hecha un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquello días, sin poder menear ni brazo, ni cabeza, más si estuviera muerta, si no me meneaban; sólo un dedo, me parecía podía menear, de la mano derecha” Hablando de estos años tristes y enfermos, escribe a los cincuenta años: “Que aunque sané de aquella tan grave enfermedad (…) siempre hasta ahora las he tenido y las tengo grandes, aunque de poco a acá no con tanta reciedumbre, más no se me quitan de muchas maneras. En especial durante veinte años más vómitos por la mañana que hasta mediodía no podía desayunarme, algunas veces más tarde”

Como afirma el Dr. Lanchas, prestigioso ginecólogo salmantino: “Es difícil entender como una tullida (Santa Teresa) no paró de moverse. Es evidente que tenía una fuerza muy especial, que sin duda provenía de su Fe. Otra persona, con semejantes dolores, ni hubiera salido de su convento” Posiblemente, afirma el Dr. Lanchas, Santa Teresa sufrió malaria o fiebres de Malta

Fue San José, de quien era muy devota y a quien llamaba mi padre y señor, principal valedor de su salud y en la obra de Las Fundaciones, no en vano de la mayoría es titular el Glorioso San José, empezando por el de Ávila


AUTOR: Dr. Fidel García Martínez.   Doctor en Filología Románica y Catedrático de Lengua  y Literatura.

 

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