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año nuevo vida nuevaComienzo el año leyendo a San Juan de la Cruz. "Un solo pensamiento del hombre vale que todo el mundo, por tanto sólo Dios es digno de él". La abismática novedad humana demanda infinita solicitud. Dios es novedad continua. Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva....

 


 

Año nuevo, vida nueva. Tomar en serio esta afirmación significa un compromiso y un estímulo extraordinarios, de manera que la vida comienza a ser otra siendo la misma.

Me detengo a mirar mi cuerpo. Quiero que todo sea nuevo en mí, ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies. Comenzar a ser algo que no he sido. Los he mirado tan poco, mis cinco sentidos, que al observarlos de cerca, me resultan nuevos. Desconocía el tesoro que tengo, el tesoro que soy. Algo maravillosamente nuevo.

Me detengo a observar mi alma. Sentimientos, pensamientos, palabras y acciones que ennoblecen a todos los seres que comparten conmigo "la gloriosa liberación de los hijos de Dios" (Rom. 8, 21). Por maravillosa, me desconcierta la novedad.

Comienzo el año leyendo a S. Juan de la Cruz. "Un solo pensamiento del hombre vale que todo el mundo, por tanto sólo Dios es digno de él". La abismática novedad humana demanda infinita solicitud.

Dios es novedad continua. "Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios. Y oí una fuerte voz que decía: ‘esta es la morada de Dios con los hombres. Ellos serán su pueblo y él será su Dios’" (Ap. 21, 1s).

"Ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor porque lo de antes ya pasó. He aquí que hago nuevas todas las cosas". Dios, morada del hombre, el hombre morada de Dios. Novedad divinamente sobrecogedora.

"Tú eres un Dios que se esconde" (Is. 45, 15). Quien se esconde, que es ocultarse, ponerse en un lugar secreto, aparece como novedad continua que despierta viva curiosidad en quien busca.

S. Juan de la Cruz dice: "Cuando una persona ha llegado de lejos, lo primero que hace es tratar y ver a quien bien quiere, así el alma lo primero que desea hacer, en llegando a la vista de Dios, es conocer y gozar los profundos secretos y misterios de la Encarnación" por toda la eternidad.

Aprovecho el año nuevo para pedirle al que se reveló como "el camino" (Jn. 14, 6), que camine conmigo, transeúnte infatigable, al encuentro de su embriagadora novedad divina.

En año nuevo todas las cosas me hablan de la novedad que es Dios, como si una mano invisible me vistiera de nuevos modos de sentir, pensar, hablar y actuar. Novedad divina que me vuelve delirante de gratitud.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 4 de enero de 2013

 

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