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año nuevoEl año nuevo expresa la novedad de Dios, que anticipa en el tiempo la eternidad. La palabra paraíso expresa con acierto la novedad, que es todo lo que viene de Dios: hombre nuevo, alianza nueva, mandamiento nuevo, masa nueva, juicio nuevo. La revelación....

 


 

Diciembre está lleno de miles, de millones de tarjetas con este saludo: "Feliz Navidad y próspero año nuevo". Saludo a alguien cuando lo encuentro o me despido de él con palabras de cortesía, interesándome por su salud o deseándosela. Mis palabras son corteses cuando el que las escucha o las lee descubre en ellas atención, respeto, amor. Salud es bienestar, vida plena. Mi saludo es eficaz si lo inspira la fuerza del espíritu. Hay espíritu en las tarjetas que envío y recibo si generan venturanza, prosperidad; si el que las lee siente que el poder divino   le ensancha el corazón.  

Buen saludo, buen deseo el de un año próspero. Prosperidad es abundancia. Puedo ser próspero en bienes materiales o espirituales, o en ambos a la vez. Bienes del cuerpo, bienes del espíritu, en armonía o contrapuestos. Riqueza del espíritu, el amor es apertura, generosidad, donación; saca al amante de sí mismo poniéndolo en comunión con todo. Por codicia, que es negación de amor, me aferro a las cosas, me esclavizo de ellas, pierdo libertad. Puedo ser próspero en codicia o en amor. Por apego, la codicia me sujeta a lo caduco. El amor me hace próspero aun en la adversidad, colma la ilusión.

Próspero año nuevo. Nuevo es lo que se ve o se oye por primera vez. Lo inesperado, distinto, inventado. La vida es novedad. Siendo la misma, la fuente es novedad continua en el agua que fluye sin cesar. Es de sentido común que "nadie se baña dos veces en el mismo río" (Heráclito). "¿Qué número infinito / nos cuenta el corazón?", dicen unos versos admirables de Leopoldo Panero. El deseo de novedad abre la mirada al infinito. Con menos no se aviene el corazón. Por ser novedad, Dios es sorpresa sin fin, lo propio de él. La felicidad de la criatura está en vivir sorprendida de la novedad del Creador. La creatividad vuelve divino al creador.

El año nuevo expresa la novedad de Dios, que anticipa en el tiempo la eternidad. La palabra paraíso expresa con acierto la novedad, que es todo lo que viene de Dios: hombre nuevo, alianza nueva, mandamiento nuevo, masa nueva, juicio nuevo. La revelación habla de la "nueva alianza" porque en ella queda todo renovado: la creación, la vida, la palabra, la felicidad, el amor. En Dios todo se vuelve nuevo, divino. A todo el mundo le encantan las cosas nuevas: casa nueva, vestido nuevo, horizonte nuevo, vida nueva. A no dudarlo, la novedad es divina.

Jesús viene a enseñar el mandamiento del amor. Siendo antiguo, El lo hace nuevo. Su novedad es él mismo. "Hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo San Pablo: ¨En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos" (Cántico 37, 4). No es posible amar como él sin contar con él. En la medida en que amo, participo de la condición divina. Dios es la fuente de todo amor. Quien ama como El, vive ya divinamente en este mundo. Amor no divino, no es amor. Inspirada en el amor y transmisora de amor, la palabra del amigo es divina, creadora de comunión. La novedad del amor da sentido a todo, hace la vida deliciosa.

"Año nuevo, vida nueva" decimos, escribimos, pensamos, creemos. Como hombre nuevo, Cristo hace de los seres humanos hombres nuevos; de todos los seres, criaturas nuevas. Les cabe como tarea renovar la vida, la interioridad: hacerse acreedores del nombre nuevo del amor. Quienes escriben y reciben el saludo "y próspero año nuevo" se comprometen a vivir el amor. Forma perfecta de la novedad. Por expresar el amor, las cosas nuevas son fecundas, vivificantes, deliciosas. "¡Y próspero año nuevo!" Me comprometo, te comprometes a ser feliz.

¿Por qué leemos con curiosidad y admiración el Apocalipsis? Porque habla de "cielos nuevos y tierra nueva". En ellos ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor. Allá todo es nuevo, lleno de amor (21, 4-5). Quien lee y medita el último libro de la Biblia descubre que es caminante de la Jerusalén celeste, donde Jesús bebe con los amigos el vino nuevo del amor que es él mismo (Mt 26, 29). Allá cantan con arpas y copas de oro llenas de incienso los que tienen alma limpia, los pobres de la tierra, sacerdotes del Altísimo, el "cántico nuevo" (Ap 5, 9-10) del amor. El año nuevo es anticipo del paraíso, que es Dios. Desear un próspero año nuevo es desear a Dios.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

 

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