Sábado, Agosto 23, 2014
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Carta a Santa Teresa sobre mi oración

Querida Madre Teresa, inquieta y andariega fundadora de iglesias, madre de espirituales y maestra de oración, enamorada de Cristo y peregrina del Camino de Perfección:
Leyéndote he aprendido que los santos, y tú misma, en su relación con Dios, no son tanto para imitar como para que nos sirvan de estímulo en nuestra propia experiencia de Dios. Pero, he aprendido de ti palabras sustanciales de Dios: como la certeza de saberme «no hueco por dentro, sino habitado» por Dios; me has hablado de él como Misericordia infinita, que «no se puede agotar ni se cansa nunca de dar», y has avivado en mí el deseo de ser pura, que «nunca se canse de recibir».
Me has dicho que Dios es Amigo, y que la oración es, precisamente, ese «encuentro de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama». Contigo, Madre Teresa, he aprendido tanto, que no puedo por menos que ser agradecido. Estoy enamorado de la Humanidad sacratísima del Hijo de la Virgen, gracias a tu palabra, provocadora y persuasiva.
En cuanto a mi oración personal, sé por experiencia que el Señor no se deja vencer en Generosidad, que «toma lo que le damos»; si poco, poco; si mucho, mucho; que «no se nos da del todo, hasta que no nos damos del todo», porque es respetuoso de nuestra libertad. Sé que la oración es un estilo de vida, una manera de ser, porque «recia cosa sería que sólo en los rincones pudiéramos orar», pues «el amante verdadero en todas partes ama»; sé que amarle es «mirar que nos mira»; sé que orar es tan sólo disponerme a «recibir lo que Dios desde siempre me quiere dar».
Esto último me encanta, porque representa mi modo habitual de oración. Yo soy lo que soy en relación con mi Dios. Él y yo somos coprotagonistas de este encuentro. Dios es el inmenso Padre, amor misericordioso, dador de todo bien, que busca «tener a quien dar»; es un padrazo, un derrochador conmigo de bendiciones sin límite en Cristo. Y yo soy un pobre que no puede vivir sin recibirlo todo, absolutamente todo, de su Dios. Soy un pobre, que ante Dios quiere permanecer pobre, sin cansarse nunca de recibir, y así se lo pide, para que Dios tenga en él a quien dar y para dejar a Dios ser Dios.
Por último, sé por experiencia, que la oración es, ante todo, una cuestión de amor, estando ante él, sin otra pretensión que la de estar «cabe él», y si se tercia, con él, hasta aburrirnos. Él está conmigo, y se goza de que yo quiera estar con él. Pero en esta maravillosa «pérdida de tiempo» me vienen continuas tentaciones de abandonar la oración, con el pretexto de atender otras obligaciones. Me alcanza muchas veces la inquietud y el nerviosismo de tantas cosas, aun a sabiendas que va en detrimento de «la mejor parte» que él me regala sólo por querer estar con él. Y vuelvo de nuevo a la Santa Madre pidiéndole que me alcance del Señor su «determinada determinación» de perseverar en la oración, viniere lo que viniere, hasta saciar mi sed de Dios en aquella Fuente viva que puede calmar y colmar la sed más profunda del alma.

 

Rafael Mª León, OCD

Vocal de la Coordinadora GOT


 

Para vos nací

Para vos nací

Este artículo ha sido tomado de la página oficial "Para vos nací"

Portal de la Orden de Carmelitas Descalzos que ofrece material importante para preparar la Familia Carmelitana al V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús en 2015.

Sitio web: www.paravosnaci.com

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